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Justicia y escándalos · Inglaterra

Las voces de Somerset House

En febrero de 1679, tres hombres comparecen acusados del asesinato de Sir Edmund-Bury Godfrey. La Corona se apoya en Praunce, quien afirma haber participado en el crimen; los procesados oponen fechas, itinerarios y el testimonio de los centinelas de Somerset House.

Ante el estrado del King’s Bench, Mary Tilden comparece para sostener que Laurence Hill regresaba a casa cada noche antes de las ocho. El juez le pregunta en qué momento había salido su familia de Londres. Ella responde: en octubre. Acto seguido, Tilden se rectifica: ha confundido el mes. Mrs. Broadstreet interviene a continuación para confirmar que la ausencia se remontaba a septiembre. Este pormenor no demuestra que Hill saliera, ni tampoco que permaneciera en su domicilio. Sin embargo, en un proceso donde las horas y los itinerarios deben vincular a tres hombres con un asesinato, un mes mal situado basta para resquebrajar una coartada.

El acta de acusación sitúa el asesinato de Sir Edmund-Bury Godfrey el 12 de octubre de 1678. Sostiene que Robert Green le rodeó el cuello con un pañuelo de lino y lo estranguló, mientras Henry Berry, Laurence Hill y otros individuos se hallaban presentes para secundarlo. Green, Berry y Hill se declaran inocentes. El juicio da comienzo el 10 de febrero de 1678 conforme al calendario inglés entonces vigente, en el que el año mudaba en primavera: se trata de febrero de 1679 según el cómputo moderno. La fecha de octubre pertenece a la acusación; los debates versan sobre el modo en que Godfrey habría muerto, pero también sobre quién lo había seguido y quién lo había visto.

Antes de que Praunce narre lo acontecido aquella noche, el tribunal escucha a quienes afirman que Godfrey se sentía amenazado. Oates declara haber presentado denuncias bajo juramento, tras lo cual Godfrey le habría referido reproches y amenazas procedentes de encumbrados personajes católicos. Thomas Robinson, que lo conocía desde hacía cuarenta años, recuerda un almuerzo posterior a las sesiones de Westminster: Godfrey le habría confiado que tal vez sería «el primer mártir», afirmando a la par que no se dejaría matar sin oponer resistencia. Estas palabras son transmitidas por testigos; no identifican a los hombres sentados en el banquillo ni bastan, por sí solas, para demostrar un móvil.

La prueba capital procede de Praunce, quien se describe a sí mismo como uno de los partícipes. Asegura haberse reunido con Green, Girald y Kelly en la taberna del Plough; Hill habría concurrido a un segundo encuentro. Según sus palabras, Girald y Kelly aseveraban que matar a Godfrey no constituiría pecado, sino un acto de caridad, puesto que dañaba su causa. Praunce sostiene que acordaron que aquel que se topara con el juez avisaría a los demás. Para los procesados, este relato pone su suerte en manos de un hombre que se confiesa a sí mismo cómplice.

Praunce refiere luego el modo en que la cuadrilla habría acechado a Godfrey. Hill o Green —Praunce vacila entre uno de ellos o ambos— le habrían contado haberse presentado en el domicilio de Godfrey y haberlo seguido después por Londres. Hacia las siete, Green habría advertido a Praunce de que Godfrey se hallaba en St Clement’s, vigilado por Girald y Kelly. Hill habría aguardado junto a una puerta y atraído al magistrado fingiendo una disputa entre dos hombres, apelando a su deber judicial. Conforme a esta versión, Green le habría anudado el pañuelo al cuello tras las verjas de Somerset House. Praunce afirma que vigilaba el paso del agua; Berry, las escaleras. No pretende haber presenciado los primeros golpes.

Sostiene haber llegado poco después y haber hallado a Godfrey aún con vida. Atribuye a Green las acciones postreras que le habrían provocado la muerte y describe a continuación diversos traslados del cuerpo entre la estancia de Hill y varias dependencias de Somerset House. En cierto momento, es incapaz de precisar en qué aposento fue depositado. Sir Robert Southwell, secretario del Consejo, refiere que Praunce guio en un principio a los investigadores con paso firme hacia determinados lugares, para titubear luego al tener que dar con una habitación donde afirmaba haber visto el cadáver. Southwell hace notar asimismo que una de las piezas señaladas no podía corresponder a la de Sir John Arundell. La incertidumbre no atañe únicamente a la hora, sino al camino mismo por el que el testigo hacía transitar al difunto.

Bedloe aporta una segunda versión de los hechos sobrevenidos tras el homicidio, sin atribuirse el haberlo presenciado. Afirma haber sido contactado por sacerdotes, haber reconocido a Godfrey en una estancia en penumbra de Somerset House y haber aconsejado que arrojaran el cuerpo al río. Según su relato, los presentes se negaron y anunciaron que lo harían pasar por un suicidio. Praunce relata el traslado en silla de manos; Bedloe dice haber visto el cadáver en un aposento, mas no menciona a los mismos partícipes ni el mismo momento en cada etapa. Bedloe añade además haber reconocido a Praunce entre los hombres congregados junto al occiso. Praunce, en cambio, asevera no haber estado jamás en su compañía antes de su ingreso en prisión.

El guardia Brown describe el hallazgo en una zanja: una espada que atravesaba el cuerpo de parte a parte, mas ni una gota de sangre en la tierra. Los cirujanos dictaminan que el cuello presentaba luxación y el pecho hematomas. Skillard juzga que una herida penetra hasta el corazón, pero duda de que fuera la causa de la muerte: los ropajes no están perforados y no se advierte derrame sanguíneo. Cambridge estima asimismo que las estocadas pudieron propinarse después del óbito. Tales peritajes constatan las lesiones observadas; no corroboran, punto por punto, el relato de Praunce.

Las memorias de la casa y de las inmediaciones de Somerset House se convierten, a su vez, en testimonios controvertidos. Elizabeth Curtis, sirvienta de Godfrey, recuerda que Green se presentó preguntando por su señor y que Hill acudió a verlo a la mañana siguiente. Tilden asevera que Hill regresaba siempre antes de las ocho y que se encontraba en casa aquella noche. Lee asegura no haber echado de menos su presencia bajo techado a esas horas, si bien reconoce no haberlo vigilado continuamente. Otros —Gray, How, Cutler y Lazinhy— lo sitúan junto a ellos en distintos momentos, trabajando en la reforma de una vivienda o almorzando. Ninguna de estas declaraciones cubre de forma ininterrumpida la totalidad de la noche en cuestión. El casero Warrier sitúa a Hill en su morada el 12 de octubre, desde las siete y media hasta pasadas las diez. Su esposa explica cómo cotejaron la fecha en un almanaque: el sábado, quince días después de San Miguel. El juez advierte que dicho cálculo conduce al 19 de octubre. Warrier insiste, empero, en que se refieren al mismo día.

Berry cita a los centinelas de la puerta principal de Somerset House para la noche del miércoles 16 de octubre, la del pretendido traslado. El cabo Collet detalla los relevos: Trollop de siete a diez; Wright de diez a una. Wright no vio salir silla de manos alguna. Trollop vio entrar una, depositada en el interior; afirma no haberse apartado de su puesto ni la longitud de una pica. Berry protesta aduciendo que el portón no podía franquearse sin que la guardia lo advirtiera. Un magistrado le objeta que él mismo pudo abrirlo. Pero la apertura habría resultado visible, replica el reo.

La credibilidad de Praunce quedó en entredicho desde su misma declaración. Antes del juicio, había confesado para luego asegurar ante el rey y el Consejo que tanto él como los demás eran inocentes. El capitán Richardson testifica que, tras esta retractación, Praunce le suplicó que acudiera de nuevo ante el monarca para manifestar que su desmentido era falso, que había hablado por temor y que su confesión inicial se ajustaba a la verdad. En la vista, Praunce ratificó este testimonio bajo juramento. Hill arguye que quien ha reconocido haber mentido no puede ser admitido como testigo. El juez responde que la retractación no fue prestada bajo juramento. Su palabra, por tanto, sigue siendo admisible. Al término de los debates, la esposa de Hill interroga a Praunce sobre si fue sometido a tortura para arrancarle la confesión. Praunce lo niega. Ella protesta entonces por el trato dispensado a los testigos de su marido: afirma que fueron intimidados y que la corte se mofó de ellos.

El fiscal de la Corona reduce el crimen al fanatismo religioso que atribuye a sus autores. Su colega insiste en la inexistencia de pruebas de que Praunce fuera sobornado. Los procesados impugnan las fechas, los lugares y el valor de un testimonio mudable. El Chief Justice resume con prolijidad la prueba de cargo; la crónica recogida por Borrow advierte que apenas alude a la de descargo, tachándola de endeble o imposible. Frente a los centinelas, esgrime el conjunto de los indicios acusatorios: insinúa que los soldados pueden equivocarse o faltar a la honradez. El jurado se retira y declara culpables a Green, Berry y Hill.

Al día siguiente, los tres hombres comparecen de nuevo ante el tribunal para escuchar la sentencia. Un alguacil ya se ha incautado de sus capas en pago de costas; el tribunal ordena que les sean restituidas. Proclaman su inocencia y solicitan que sus deudos puedan visitarlos. Dicha merced les es otorgada, mas no el auxilio de sacerdotes católicos. El juez dicta la pena de horca. Los títulos de los folletos coetáneos, conservados en los registros del catálogo EEBO, diferencian las ejecuciones: Green y Hill el 21 de febrero de 1679; Berry el 28. Sus voces se apagaron con una semana de intervalo. En el juicio, habían opuesto a las acusaciones puertas bajo guardia, una estancia demasiado transitada para ocultar a un muerto y horas de las que cada testigo debía rendir puntual cuenta.

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Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

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El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

Lectura íntegra por agente IA del capítulo acotado en el OCR local, Borrow vol. II, pp. 378–393; queda excluido el capítulo siguiente. Borrow señala el 21 de febrero para las tres ejecuciones. Cotejo complementario circunscrito a las fichas de dos folletos de la época indexados en ProQuest EEBO por la UNB: distinguen a Green/Hill (21 de febrero de 1678/9) de Berry (28 de febrero). Se consultaron únicamente los registros, no los impresos originales. La vista judicial figura fechada el 10–11 de febrero de 1678 con arreglo al año inglés iniciado en primavera, esto es, febrero de 1679 en el cómputo moderno; la fecha atribuida al crimen permanece en el 12 de octubre de 1678. Las divergencias entre testigos se consignan textualmente; no se examinaron autos originales ni reproducciones facsimilares.

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