El cajón de Joseph Triquet debía custodiar doscientos francos; al abrirlo, apenas halló ciento cincuenta. Tomó el dinero para ponerlo a buen recaudo. Joséphine Tropée, su cónyuge, se lo reclamó de inmediato. Tres jornadas más tarde, una nueva reyerta los arrastraría hasta una estancia donde Triquet, tendido de cara a la pared, recibiría varios golpes de madero en la cabeza.
Labrador en Billé, en el departamento de Ille-et-Vilaine, Triquet había contraído matrimonio con Joséphine-Anne-Marie Tropée en noviembre de 1871. Contaba ella entonces diecinueve años. La Gazette describe al marido como un hombre de natural dulce y dócil, y a su consorte como avara y vengativa; consigna asimismo que la armonía conyugal apenas subsistió y que las disensiones no tardaron en trocarse en vías de hecho. Triquet imputaba buena parte de tales desavenencias al influjo de su suegra, la viuda Tropée.
Habiendo resuelto poner término a la vida en común, convino con su suegra el arrendamiento de la granja y la compra del ajuar, a cambio de que la anciana se retirase a una vivienda separada. Pese a la partida de la viuda, el hogar no conoció sosiego. Triquet censuraba a su mujer que entregara a su madre el dinero y los frutos de la hacienda; ella le reprochaba embriagarse y derrochar con desmesura. En octubre de 1873, la viuda Tropée insinuó la conveniencia de una separación de cuerpos de mutuo acuerdo, mas la propuesta no prosperó.
El domingo 8 de febrero de 1874, deseoso de efectuar una compra, Triquet abrió el armario donde guardaba doscientos francos. No encontró sino ciento cincuenta. Se incautó de dicha suma para mudarla de escondite. Hacia las dos de la tarde, Joséphine advirtió el traslado. «Me los devolverás, o no he de dejarte en paz», le previno.
Triquet salió presuroso y se refugió en casa de su vecino Machard. Joséphine corrió tras él provista de un garrote. Le afeó la retención de los caudales. «Si no quieres devolverme el dinero, habrá de sucumbir uno de los dos», gritó antes de asirlo de las ropas. Machard se vio forzado a desgarrarlas para liberarlo; jirones enteros quedaron en manos de la mujer. Triquet logró escapar.
Hacia las cuatro de la tarde, en el patio del domicilio conyugal, Joséphine volvió a exigirle la entrega de la suma. Le asestó un puñetazo en la cabeza y lo encerró acto seguido en el pajar. Él forzó la cancela. Cuando trasponía el umbral, ella le arrojó un leño: «O me das el dinero o he de empezar de nuevo», increpó.
Aquella misma noche, Joséphine fue a pernoctar a casa de su madre. El lunes 9 de febrero, cerca de las siete, persiguió nuevamente a Triquet y le lanzó un pedazo de madera que lo alcanzó en el occipucio. «¿Quieres marcharte a Fougères? ¡Ahí tienes para que aligeres el paso!», exclamó. El martes 10, Triquet permaneció toda la jornada en la morada de su hermano, dentro del mismo término municipal.
El miércoles 11 de febrero, entre las cinco y las seis de la mañana, Joséphine reclamó una vez más los caudales. «Si no me lo devuelves, te las vas a tragar de nuevo», le espetó. Triquet guardaba cama. Ante su negativa, la mujer tomó un leño del hogar y le descargó tres o cuatro golpes en la cabeza mientras yacía acostado, de espaldas, vuelto hacia el muro. El agredido se incorporó, manifestándole que lo había «herido con terrible dureza». Poco después, quejándose de frío intenso, se levantó y se dirigió a casa de Machard hacia las seis y media.
Rogó a la mujer de Machard que mandase buscar a sus deudos y a un sacerdote. Aseguró que su esposa acababa de causarle graves lesiones en la cabeza, y agregó que lo había golpeado a traición, mientras dormía. Joséphine impugnó con posterioridad este extremo. Hacia las ocho, Triquet perdió el sentido. Notificada su cónyuge de tan alarmante estado, se negó en redondo a visitarlo, apostillando que ojalá hubiera muerto ya.
A mediodía, Triquet fue conducido a su domicilio. El médico que acudió cerca de las tres lo halló exánime, sentado en una silla. Cuatro heridas hendían su cabeza, cubierta de sangre coagulada. Fue desvestido y acostado. Expiró a las once de la noche sin haber recobrado el conocimiento. Practicada la autopsia, los facultativos atribuyeron el óbito a múltiples fracturas craneales, contusión cerebral y derrame sanguíneo intra y extracraneal.
Joséphine admitió haber golpeado a su marido el 8 de febrero y haberle propinado, en la mañana del día 11, tres o cuatro maderazos. Declaró, no obstante, que la gravedad de las heridas había sobrepasado con creces su propósito. El mismo día de los hechos, poco después de la agresión, acudió a confesar sus faltas ante el cura de Bellé y presentó a continuación su confesión ante el alcalde.
El madero homicida fue presentado en la audiencia como pieza de convicción. La Gazette lo consignaba como un leño recio, delgado en un extremo y grueso en el opuesto, empuñado a modo de maza. La acusada era descrita como una mujer menuda, de aspecto casi frágil y tez sonrosada. El sustituto del procurador general, señor de Lesquen, sostuvo el pliego de cargos recriminándole su implacable falta de piedad ante el esposo agonizante. El letrado Hamard, a cargo de la defensa, combatió la premeditación e imploró la clemencia de los jueces de hecho. Recordó que su patrocinada era joven, madre ya de una tierna criatura y encinta de nuevo; la próxima prole, alegó, habría de nacer en prisión. Tras el resumen del presidente de la sala, los jurados deliberaron durante veinte minutos.
El veredicto fue de culpabilidad, si bien apreció la concurrencia de circunstancias atenuantes. El Tribunal condenó a Joséphine Tropée, viuda de Triquet, a la pena de diez años de trabajos forzados, disponiendo expresamente que, cumplida la condena, quedara exenta de la sujeción a la alta policía del Estado.
Nota documental: Transcripción OCR acotada de la crónica judicial de la Gazette des Tribunaux, n.º 14637, 11-12 de mayo de 1874, sesión del 5 de mayo, PDF p. 2, columnas 2-3, desde el encabezamiento hasta el fallo y la pena. La relación de hechos, declaraciones, alegatos e informes forenses proceden de dicha publicación. El texto sitúa la confesión ante el párroco de «Bellé», grafía conservada literalmente aquí; la sede de la explotación conyugal se halla en Billé. La transcripción mecánica fue cotejada sobre muestras del encabezado, inicio, cronología, confesión y desenlace, prescindiendo del cotejo diplomático línea por línea; la crónica de la época no desglosa las deliberaciones internas del jurado.
