Ir al contenido
Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · GASTRONOMÍA Y ARCHIVOS HISTÓRICOS
Justicia y escándalos · Francia

Tres mujeres ante el jurado

Foix, julio de 1875. Dos hermanas y Anne Dejean, viuda de Darnaud, son juzgadas tras dos embarazos interrumpidos; sus versiones difieren sobre los actos consumados y las presencias en la alcoba.

A las once en punto, la Audiencia de lo Criminal de l’Ariège abrió la sesión. El presidente Regert no decretó el secreto de sumario ni la vista a puerta cerrada. Se limitó a advertir a los presentes de que la naturaleza de los debates tornaba inconveniente la asistencia de menores e invitó a estos a desalojar la sala. La Gazette des Tribunaux refiere que una nutrida muchedumbre se agolpaba ya en el recinto. Acudía para escuchar la historia de dos hermanas, Maria e Isabelle Pujade, y de Anne Dejean, viuda de Darnaud, procesadas a causa de dos embarazos interrumpidos con escasos días de intervalo.

El auto de acusación vinculaba a las tres mujeres en una misma causa, mas los hechos imputados no eran idénticos. Maria Pujade, de veintitrés años, habría recibido auxilio a comienzos de junio. Isabelle, su hermana de veinte, habría recabado idéntica ayuda a finales de mayo. En la vista, Darnaud negó haber provocado ambos abortos; respecto a Isabelle, sostuvo haber presenciado un malparto involuntario.

El relato de la fiscalía se abría tras una puerta cerrada. El 2 de junio, hacia las ocho de la tarde, una persona conocedora del estado de Maria se habría presentado en el domicilio de las Pujade, hallando la entrada vedada. Poco después, la viuda Darnaud fue recibida. Aquella visita despertó los recelos de este primer testigo, quien transmitió sus sospechas a una vecina. Al día siguiente, un facultativo comisionado por el ministerio público halló a Maria postrada en cama. Su reconocimiento dictaminó un parto prematuro reciente; un registro posterior permitió descubrir en la bodega los restos que los pesquisidores asociaron a lo ocurrido. El médico juzgó que se había practicado una punción.

Maria había aducido en un primer término un aborto espontáneo. Conforme al auto acusatorio, acabó confesando haber pretendido malograr el embarazo, si bien sin señalar a Darnaud. Habría guardado silencio al haber empeñado su palabra de no delatarla. Estimando el perito médico poco verosímil que hubiese podido consumar por sí sola la maniobra descrita, y al sumarse las primeras declaraciones de Isabelle a sus propios dichos, Maria ofreció a continuación un relato distinto.

En el estrado, reconoció que su embarazo no era ignorado por su amante, un oficial de la guarnición. Declaró que sus tratos habían concluido el 28 de abril, día en que su tía, prevenida por Darnaud, la sorprendió en la estancia del militar, arrendatario de la viuda. Durante el tiempo en que ella moró allí, Darnaud se encargaba de guisar sus viandas; tras aquel hallazgo, Maria no volvió al aposento. Aseguró que el oficial le había recomendado no cometer «disparates», pero negó que la hubiese instigado a deshacerse de la criatura. Refirió que Antoinette Cancel, a quien se había confiado, mencionó ciertos remedios pidiendo dinero a cambio de revelarlos. Cancel, oída más tarde en calidad de testigo, protestó enérgicamente contra dicha imputación.

Maria atribuyó a Darnaud el desenlace de los acontecimientos. Declaró que la viuda le había suministrado un cocimiento y, posteriormente, mostrado otro proceder. Tras varios ensayos infructuosos y cruentos, relató, Darnaud acudió a su morada el 1 de junio y ejecutó la operación. Maria situó la expulsión a la mañana siguiente. Explicó asimismo los motivos por los que había amparado en un principio a la viuda: esta les había rogado que no la delataran y se había ocultado al personarse la justicia. Durante su interrogatorio, la propia Darnaud admitió haber negado en primera instancia su visita del atardecer del 2 de junio, reconociéndola solo después de que varios testigos aseveraran haberla visto allí. Alegó temer que se diera una torcida interpretación a su presencia.

La defensa de Darnaud opuso a esta versión la duda, el encono y una escena bien distinta. La viuda admitía conocer la preñez de las dos jóvenes, pero negaba haberles facilitado hierba alguna o practicado intervención mecánica. Afirmaba que la villa entera estaba al corriente de su estado. Desechaba la incriminación formulada por Maria tachándola de venganza por haber contribuido a romper su enlace con el oficial. En lo concerniente a Isabelle, esgrimió otra versión: sostuvo haber asistido a un aborto espontáneo, en el que la tía, Cadette Pujade, habría recogido a la criatura decidiendo enterrarla en un viñedo familiar.

Isabelle, por su parte, ratificó los cargos. Declaró haber ingerido infusión de ruda para consentir después la intervención de Darnaud el 26 de mayo. Situó la expulsión al anochecer siguiente y aseveró que la viuda se llevó el contenido de una bacinilla, proveyendo después sábanas y una camisa limpia a fin de que la familia nada advirtiese. Darnaud lo negó rotundamente; insistía en que Isabelle había sufrido un malparto natural y que Cadette Pujade había recibido el fruto inerte para sepultarlo entre las viñas.

Al declarar ante el tribunal, Cadette negó haber presenciado el alumbramiento. Admitió que Darnaud la llamó el 26 de mayo. Había subido hasta la mitad de la escalera; al enterarse de que Isabelle se hallaba indispuesta, le espetó: «Si está enferma, que sane». Tras ello se retiró a descansar, dejando a Darnaud en la alcoba de sus sobrinas. Aseguró no haber visto nada. Darnaud le rebatió sosteniendo que la tía había penetrado en la pieza; interrogada nuevamente, Cadette puntualizó que alcanzó el descansillo y vio a Isabelle sentada en una silla. Negó haber asistido a su sobrina dentro del cuarto y acusó a Darnaud de haberse llevado a la criatura arguyendo que era asunto de su incumbencia. Darnaud replicó que ambas habían auxiliado a la muchacha y que Cadette había acudido a comprar carne para confeccionar un caldo. «Es falso», contestó la tía.

Uno de los jurados inquirió si era dable verificar dicha compra. Darnaud nombró a la carnicera, la viuda Fournier, sita en la plaza Saint-Volusien; el presidente ordenó comparecer a la mujer. Fournier no recordaba haber despachado vianda alguna a Cadette la mañana del 27 de mayo y declaró que jamás le había vendido por valor de dieciocho sueldos: los consumos de la tía nunca excedían de treinta o cuarenta céntimos.

Los restantes testigos no despejaron la incertidumbre reinante. El oficial relacionado con Isabelle reconoció haberle facilitado un frasquito de ajenjo, mas negó haberlo presentado como medio para interrumpir la preñez. El amante de Maria confirmó que supo del embarazo y que, según el acta, la previno de no cometer locuras; nada pudo aportar a la sala sobre el hecho incriminado. Antoinette Cancel desmintió haber aconsejado a las jóvenes o haberles brindado auxilio alguno.

La vista se prolongó hasta bien entrada la noche. A las cinco, el fiscal Salvagnac sostuvo la acusación pública. Consideró culpables a las tres mujeres e instó al jurado a no conceder atenuante alguno a la viuda Darnaud. Concluido el informe fiscal, se decretó un receso reanudándose la sesión a las ocho, siendo el gentío tan denso que un piquete de infantería hubo de contener a los curiosos a las puertas del Palacio de Justicia.

El letrado Laborde asumió la defensa de las hermanas. Lejos de negar sus confesiones, las presentó como víctimas de Darnaud. El letrado Joffrès defendió a la viuda; a tenor de la crónica judicial, recalcó la falta de interés o provecho para su patrocinada y el resentimiento que atribuía a las jóvenes. Argumentó que el jurado no podía fundar una condena sobre las acusaciones interesadas de dos coimputadas.

A medianoche, el presidente procedió a resumir los debates. El jurado se retiró a la una y regresó a las dos y media. La Gazette retrata una sala abarrotada y un silencio expectante en el instante en que el portavoz del jurado dio lectura al veredicto. El pronunciamiento resultó afirmativo en todos sus extremos. A las tres encausadas se les reconocieron circunstancias atenuantes. La Sala condenó a Maria e Isabelle Pujade a un año de prisión menor a cada una, y a la viuda Darnaud a cuatro años de reclusión. La reseña agrega que Darnaud interpuso recurso de casación, sin llegar a consignar la resolución final de dicho trámite.

De este caso podría nacer un libro

Ayúdenos a elegir nuestro próximo libro

Acaba de leer el relato completo de este caso histórico. Nos inspira tres proyectos de ficción aún por escribir. ¿Cuál le gustaría ver publicado? Su voto guiará a AB Éditions.

novela corta

Los nombres del registro

En una ciudad ficticia, una costurera reúne las firmas de las obreras que se oponen a la clausura de su taller. Cuando el censo se exhibe ante el concejo municipal, varias operarias juran no haber rubricado jamás el pliego. La joven descubre que su antiguo patrón calcó sus identidades para forjar una mayoría ficticia. Deberá hallar las actas originales antes de la votación, al constatar que su propia firma figura entre las adulteradas. La novela corta traza una pesquisa documental y un dilema de lealtad gremial, sin guardar vínculo con los encausados ni los sucesos del litigio histórico.

Cargando votos…

novela

El arrendamiento de la calle de los Tilos

En una urbe francesa de ficción en la década de 1890, una pasante de juzgado descubre que un casero desahucia inquilinos sustituyendo los contratos legítimos por trasuntos enmendados. La joven concierta una alianza con un impresor en bancarrota, cuyo taller estampó los documentos espurios, y con una viuda que rehúsa abandonar la casa en que crio a su prole. Con la vista del pleito en ciernes, el impresor procura demostrar que actuó bajo coacción. La obra teje un drama de afectos y lealtades en torno a escrituras notariales, pruebas materiales y una comunidad forzada a dilucidar a quién otorga su fe.

Cargando votos…

trilogía

Las tres ediciones del silencio

Esta trilogía de rigurosa ficción sigue a tres generaciones de un linaje de tipógrafos y periodistas a través de tres ciudades imaginarias. El primer tomo, ambientado en 1848, narra el dilema de una cajista que se niega a componer en plomo una denuncia anónima. El segundo, situado en 1871, acompaña a su hijo, obligado a publicar testimonios contradictorios tras la huelga en una papelera. La entrega final, en 1905, encomienda a la nieta la tarea de expurgar un archivo familiar transformado en mito público. Cada volumen ostenta trama y registro propios; en su conjunto, indagan en la honda huella que el relato impreso imprime sobre las vidas que nombra.

Cargando votos…

Un voto por caso en este navegador, modificable en cualquier momento. Los proyectos más apoyados orientarán nuestras próximas ediciones. Cómo se conservan sus votos.

Ver los demás proyectos en el Salón →
El marco histórico y nuestra parte de reconstrucción literaria

La Gazette des Tribunaux reseña las sesiones del 20 y 21 de julio de 1875 celebradas en Foix, relativas a dos episodios distintos atribuidos a las hermanas Maria e Isabelle Pujade. La crónica compendia las acusaciones y los descargos de Anne Dejean, viuda de Darnaud, seguidos del fallo condenatorio y sus penas. El texto silencia la suerte final del recurso de casación interpuesto.

← Todos los 1.003 casos del Gabinete