Reúne este caso cuanto cautiva a la novela: una sociedad secreta, un laboratorio campestre, una casa alquilada bajo falaz pretexto y, en el meollo, dos hombres que juegan un doble juego. Mas no es novela alguna; trátase de un acta de acusación que la Gazette resume pieza por pieza.
La «Sociedad», como reza el texto, pretendía fabricar asignados falsos. Había encargado primeramente unas planchas a un tal señor Malapeau; mas juzgando luego que unas meras planchas no engañarían al ojo más avisado, resolvió recurrir a los punzones y a los tipos de letra. Hacía falta un grabador en letras. Un tal señor Guillot acudió a cierto La Reynie para dar con uno; este se dirigió al señor George, quien aceptó tal como hiciera Malapeau y, al igual que él, corrió de inmediato a prestar declaración ante el comisario de policía de la sección de Thermes-de-Julien el 2 de diciembre.
Los falsificadores, a juzgar por tales declaraciones, obraban pues ante los mismos ojos de la policía sin sospecharlo. George grabó punzones, contrapunzones, viñetas, cuño seco; tiráronse pruebas; la Sociedad quedó satisfecha. Solo un tal señor Vimal halló en ellas algunos reparos y, celoso de lograr la perfección cabal, hizo llegar al grabador sendas notas donde desmenuzaba con prolijidad los rasgos característicos de los asignados legítimos.
Vimal era el papelero de la empresa. Comenzó a preparar las formas en la calle Pierre-Sarrazin; mas no hallándose allí con suficiente sosiego, pasó seis semanas en la casa que Guillot poseía en Montrouge, y de allí marchó a Saint-Rémy, cerca de Nonancourt, adonde vino a reunírsele un tal señor Sauvade. Seis semanas más de labor obstinada, a puerta cerrada. Trajeron de vuelta a París papel para asignados de 300, de 100 y de 50 libras.
El 25 de febrero, en el nuevo bulevar, celebróse la primera conferencia: Vimal, Guillot, George y La Reynie. Vimal, dice la Gazette, abrió entonces la boca. Había vivido antaño en gran desahogo, lo había perdido todo desde la Revolución, hallábase abrumado por deudas considerables; ciertos amigos le aconsejaron que fabricase asignados; tras unos días de cavilaciones, resolvióse a ello, no sin honda zozobra, «pues bien comprenderán que rara vez se está tranquilo en semejantes operaciones». George le respondió que el papel estaba admirablemente imitado.
El 8 de marzo, Vimal y Guillot tomaron en arriendo por tres meses, enteramente amueblada, una casa en Passy, en la calle Basse. Destinábase, según decían, a acoger a cierta señorita de provincias que debía venir a dar a luz. Dos días más tarde, condujeron allá a George bajo nombres supuestos y señalaron el sitio destinado a cada faena. Fijóse un día para trasladar las herramientas, adoptando las precauciones más extremadas.
El número se detiene en aquel traslado. Sábese, por el encabezamiento de la causa, que concluyó ante el tribunal criminal; mas no vemos aún aquí abrirse la puerta de Passy a la policía. Queda este Vimal, arruinado por la Revolución, que confiaba sus escrúpulos al mismísimo grabador que lo delataba, y aquella señorita de provincias que jamás dio a luz en la calle Basse.
Gazette des nouveaux tribunaux, 1792, Tribunal criminal del departamento de París, causa de los falsificadores de asignados (Vimal, Guillot, Sauvade y otros).
