Joseph Feron, apodado Lafrance, entró a comienzos de 1774 al servicio de las damas D… Creía entrar en una casa opulenta; le prometieron cuatrocientas libras de salario para encargarse a un tiempo de la cocina y de la servidumbre ordinaria. Poseía algún dinero, atesorado a lo largo de dilatados años de servicio.
Pronto mostraron sus amas gran confianza en él, a lo que la Gaceta apostilla de inmediato: no obraban sin designio. Lejos de vivir en el desahogo, buscaban recursos con desesperación. Instaron a su criado a que les adelantase seiscientas libras contra un pagaré que guardaban en cartera; habrían deseado endosarle otro de mil ochocientas libras, mas él no poseía sino veinticinco luises.
Feron comprendió bien pronto que había ido demasiado lejos. Hallábase él mismo necesitado de fondos; reclamó la restitución de sus anticipos. Cierto día, la señora de L… le confió que acababa de recibir una suma considerable y que no tenía más que entregarle sus pagarés para cobrar el importe. Extrajo él de su cartera el pagaré de seiscientas libras y otro de ciento diez, correspondiente a desembolsos suplidos para la casa, y los dejó sobre una cómoda. La dama pasó a la alcoba contigua; él permaneció en el comedor, prosiguiendo con su servicio, en la creencia de que ella volvería con el dinero. Regresó la señora a ocupar su asiento a la mesa. Los pagarés acababan de ser desgarrados y arrojados al fuego.
Se quejó amargamente, mostrando un rescoldo informe donde aún podía leerse su nombre. Confesaron entonces no poder satisfacer la deuda, con la promesa de saldarla a la mayor brevedad.
Lo que vino después fue un despeñadero. El librador que había suscrito el pagaré de seiscientas libras declaró no haber percibido jamás su valor. De regreso de un viaje en el que había escoltado a la hija de una de sus señoras, halló Feron su arca descerrajada y sus efectos sustraídos; reconoció incluso una de sus camisas en las espaldas del joven vástago de la casa. Un procurador vecino le advirtió de que no cabía remedio alguno: aquellas damas eran del todo insolventes. Se le despachó a casa de un oficial público allegado a la familia, quien lo recibió con aspereza, lo tildó de bribón y le amenazó con que lo haría ahorcar.
Feron exigió su cuenta y ató en un lío lo que aún le restaba de sus enseres. La crónica judicial se detiene en este punto. Mas el encabezamiento de la causa revela la continuación: sus amas se trocaron en delatoras, acusáronlo de delitos graves y una sentencia terminó por absolverlo. La amenaza del oficial no era, pues, palabra vana: fueron las deudoras quienes entablaron querella, y fue al acreedor a quien se sentó en el banquillo.
Gazette des tribunaux, 1775, Parlamento de París, Tournelle criminelle: causa de Joseph Feron, apodado Lafrance, contra las damas D…
