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Armes de la Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · CUISINE & LETTRES
Las 54 Historietas del Archivo · París, 1791

Ponche, cerveza y aguardiente

Dos desertores se reenganchan bajo nombres supuestos. Bebida la prima de enganche en el café, se niegan a pagar. En sus carteras descansaban las falsas fes de bautismo.

Antoine Masson y Jean-Baptiste Tarteaux, refiere la Gaceta, abusaban en París de su libertad. El uno contaba veintidós años; el otro, catorce; el primero carecía de domicilio, y el segundo se cobijaba en una casa de lo más equívoco. Reducidos de continuo a los expedientes de la fortuna, no se mostraban escrupulosos en la elección de los medios.

Hallábanse alistados en el quincuagésimo octavo regimiento de infantería, el otrora Rouergue. Concluyeron un nuevo empeño en la legión del Norte, lo cual constituía ya un delito; y lo perpetraron bajo nombres fingidos —Masson bajo el de Larré, Tarteaux bajo el de Mâne—, premunidos de falsas fes de bautismo y mendaces certificados de municipalidades y departamentos. Dos de aquellos documentos, uno de Pau y otro de Châteauneuf, mostraban la misma caligrafía; otros cuatro, fechados en 1788, lucían el nuevo sello con la leyenda «La Ley y el Rey». El oficial que admitió su enganche nada advirtió.

Pronto, prosigue la Gaceta, se vio agotada la suma hurtada a la nación. Dase con nuestros dos hombres en un café, donde la cerveza, el ponche, el aguardiente y toda suerte de licores se suceden a lo largo de varias horas. Llegado el instante de partir, no quieren ni oír hablar de pagar el escote. Insultan y maltratan al cafetero; llámase a la guardia nacional, mas tampoco a esta guardan miramiento alguno, desatándose en vituperios contra los comisarios de la sección.

Sometidos a interrogatorio, declaran sus nombres falsos. Regístranse sus carteras: allí yacen los falsos documentos.

Refirieron que un desconocido les había entregado aquellos papeles en un bodegón. Ante el director del jurado, negaron que se los hubiesen hallado encima; Masson concedió que, si bien estaban en su cartera, debieron de habérselos entregado con su cédula de hospital, y que los había guardado sin mirarlos. En cuanto al cafetero, a la guardia y al comisario, achacaronlo todo a los humos de la embriaguez.

Los jurados los declararon convictos de haber hecho uso, a sabiendas, de documentos falsos en escritura auténtica y pública. Fue condenado cada cual a ocho años de trabajos forzados en galeras, tras seis horas de exposición a la vergüenza ante los ojos del pueblo; y las falsas actas fueron despedazadas y quemadas en presencia de un juez.

De toda su impostura, no fue la sagacidad de la administración lo que causó su ruina, sino una cuenta de café impagada.

Gazette des nouveaux tribunaux, 1791, Tribunal criminal del departamento de París: causa Masson y Tarteaux, falsedad en documento público y auténtico.

Tal día como hoy en el Gabinete →