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Las 54 Historietas del Archivo · París, abril de 1793

«El apóstol y el mártir de la Libertad»

Marat entra; la sala prorrumpe en aplausos. «No es un culpable quien comparece ante vosotros». Se da lectura a sus propios artículos.

Sabida es de todos la muerte de Marat: una bañera, un cuchillo, Charlotte Corday, en julio de 1793. Mucho menos se conoce el proceso que la precedió en tres meses, y que la Gazette des nouveaux tribunaux refiere con escrupulosa exactitud de escribano.

La Convención, previo informe de su comité de legislación, había decretado la acusación contra uno de sus miembros, remitiéndolo ante el Tribunal Criminal Revolucionario, instituido en el Palacio por la ley del 10 de marzo de 1793 para juzgar sin apelación a los conspiradores. La crónica da inicio con una escena: «Marat entra en la audiencia. La sala resuena en aplausos». Y Marat toma la palabra antes de ser interrogado: «Ciudadanos, no es un culpable quien comparece ante vosotros, es el apóstol y el mártir de la Libertad; no es sino una gavilla de facciosos e intrigantes la que ha dictado el decreto de acusación contra mí».

Luego, el procedimiento recobra sus fueros. Nombre, edad, estado y condición: Jean-Paul Marat, doctor en medicina, diputado de París en la Convención, de cuarenta y nueve años de edad, domiciliado en la rue des Cordeliers, sección del Théâtre-Français. El acusador público, Fouquier-Tinville, da lectura al pliego de cargos.

Trátase de un documento singular, pues no se compone sino de las propias palabras del acusado. Se citan en él sus números uno a uno, con sus fechas respectivas. Se le reprocha haber escrito que «en todo país donde los derechos del pueblo no son vanas palabras, el saqueo de unas cuantas tiendas, a cuyas puertas se colgara a los acaparadores, pondría fin a sus fechorías»; y se hace notar que, el mismo día en que vio la luz el periódico, se produjo el saqueo en los comercios de ultramarinos de París, los días 25 y 26 de febrero. Se le censura haber reclamado con vehemencia un tribuno militar, un dictador, un triunviro; haber estampado que nada bueno esperaba de unos legisladores casi todos carentes de luces y de virtudes; haber denunciado una facción criminal en el seno de la Convención.

No se juzgaba una acción, sino una prosa. La acusación entera cabía en una colección de pliegos impresos que se releían ante su propio autor, en medio de los vítores de sus partidarios.

El número de la Gazette se detiene en la enumeración de los agravios y no consigna aquí el veredicto. Bien se sabe por otros testimonios en qué paró la causa, y cómo convirtió al procesado en un triunfador antes que en un reo condenado; mas no es ese el objeto de estas líneas. Lo que en ellas queda grabado es la primera frase de Marat: en un estrado de justicia, se ofrecía a sí mismo como un mártir, tres meses antes de consumarlo en otro escenario.

Gazette des nouveaux tribunaux, 1793, Tribunal criminal revolucionario: causa contra Jean-Paul Marat.

Tal día como hoy en el Gabinete →