Eran tres, recluidos en la Conciergerie del Palais, en París: Barthélemy-Marie Desfaignes, Gabriel de Forges y François-René Jacquin. Tramaron el complot de fugarse a mano armada.
Desfaignes se procuró, por mediación de una persona a quien declaró no conocer, cinco pistolas de medio arzón, tres cuarterones de pólvora y veintidós balas. Hizo el reparto: dos pistolas, pólvora y balas para De Forges; una pistola, pólvora y balas para Jacquin; reservándose para sí las otras dos y el resto de las municiones. Cómo logró entrar todo aquello en la Conciergerie es algo que la Gazette no refiere, y era precisamente lo que la justicia ansiaba averiguar.
El martes 28 de septiembre de 1784, hacia las nueve de la noche, los tres hombres, provistos de sus pistolas cargadas con bala, pretendieron forzar las cancelas de la prisión. Abrieron fuego en varias ocasiones. Uno de los disparos, cargado con dos balas y efectuado por Jacquin, alcanzó a un carcelero, Antoine-Martin Fontenoy, hiriéndolo de gravedad. Otro tiro, dirigido hacia los celadores, alcanzó al propio Jacquin. Un tercero hirió a Louis-François Dauphin, carcelero asimismo, que sucumbió a su herida al día siguiente, a las ocho de la mañana.
La justicia anduvo con premura. El 1 de octubre, el teniente general del bailiazgo del Palais condenó a los tres hombres a ser rotos vivos en la rueda; Desfaignes, no obstante, debía ser sometido con anterioridad a la cuestión ordinaria y extraordinaria, a fin de arrancar de sus labios el nombre de sus cómplices. Se les impuso el pago de cinco mil libras por daños y perjuicios a Fontenoy, y otra suma idéntica para cada uno de los tres hijos menores de Dauphin, amén de doscientas libras para que se rogase a Dios por el reposo del alma del carcelero. El 4 de octubre, el Parlamento ratificó el fallo y ordenó que la sentencia se fijase en pasquines, de manera singular en todas las prisiones de la ciudad.
Esta última disposición dice bien a las claras a quiénes iba destinado el veredicto. No cuesta imaginar el bando encolado a los muros de Bicêtre, del Châtelet, de la Force, y leído por hombres que, también ellos, contaban las puertas. Se piensa, de igual modo, en los tres huérfanos de Louis-François Dauphin, para quienes el Parlamento tasó el precio de un padre en cinco mil libras para cada uno.
Gazette des tribunaux, 1784, Parlamento de París, Tournelle criminelle, sentencia del 4 de octubre de 1784.
