Hay, entre las causas que la Gazette clasifica secamente bajo la rúbrica «Legislación francesa», sentencias que describen en pocas líneas un procedimiento criminal con la precisión de un manual. Esta de diciembre de 1779 es una de ellas.
Eran tres: Jean-Claude Berger, Claude Chassaigne, llamado Labussière, y Jean Masselin, llamado Baptiste. Con el pretexto de un antiguo conocimiento, se introdujeron en la casa de una mujer de avanzada edad y, tras predisponerla a su favor con falsos cumplidos, se hicieron convidar a comer. Durante la comida, cuidaron de apartar de su lado todo socorro; luego, uno de ellos fue a buscar café, y en aquella bebida le hicieron tomar un licor narcótico. Cayó la infeliz en un sueño letárgico, acompañado de convulsiones y después de delirio, quedando su vida en grave peligro.
Masselin poseía otra especialidad. En la calle Dauphine, en compañía de dos cómplices que permanecieron desconocidos, fingió recoger del suelo un escudo de tres libras ante los ojos de un mercader cantero de setenta y dos años, Léger Vial, y lo persuadió de entrar en una taberna para repartírselo. Allí, pretextando echar azúcar en los vasos, vertió en el del anciano el mismo licor. Vial durmió catorce horas. Entretanto, le despojaron de su tabaquera, su reloj y su dinero, tras haberlo subido por la fuerza a un simón donde lo abandonaron. Padeció a consecuencia de ello más de un mes de una suerte de delirio, con sangre extravasada en el rostro y alrededor de los ojos, vivos dolores y una extremada flaqueza de estómago.
La sentencia los condenó a hacer amende honorable ante las puertas de Notre-Dame, con un cartelón que rezaba «Envenenador y ladrón», para ser luego rotos vivos en la plaza de Grève y arrojados al fuego.
Se ignora el nombre de la anciana dama. Se conoce, en cambio, el de Léger Vial, de setenta y dos años, quien creyó una mañana haber hallado la fortuna porque un desconocido recogió un escudo a sus pies.
Gazette des tribunaux, 1780, sentencia del Parlamento de París de diciembre de 1779.
