Hay causas de las que la Gaceta solo consigna la sentencia, y en las que la sentencia basta. Esta apenas ocupa unas pocas líneas, deslizadas entre una ordenanza sobre libelos y un despacho de Viena.
Un fallo del Parlamento de París, de diciembre de 1777, condena a François Liégé, viñador en Montigny, a hacer amende honorable ante la puerta principal de la iglesia de Châtillon-sur-Marne, con la soga al cuello, llevando en la mano una antorcha del peso de dos libras, con un cartel por delante y por detrás que rece estas palabras: «Doblemente parricida». Luego, a que le sea cortado el puño; y en seguida a ser conducido a la plaza pública de la villa, para ser allí quebrado vivo y arrojado al fuego. Por haber degollado a su padre y a su madre.
Añade la Gaceta: «Dicha sentencia fue ejecutada el 14 de diciembre».
Eso es todo. No se sabe el día del crimen, ni el móvil, ni la edad de los padres, ni la del hijo. Se ignora si mediaron rencillas por viñas o por herencias, una embriaguez o un rapto de locura. Solo se columbra aquello que la antigua justicia reservaba al parricidio, el crimen que juzgaba más contrario a la naturaleza: la amende honorable ante el templo, el puño cercenado, la rueda, la hoguera y, por encima de todo, aquellas palabras en el cartel que nadie en Châtillon habría podido leer sin estremecerse.
El vocablo «doblemente» es de puño y letra del escribano, y lo dice todo. No se castigaba dos veces; se escribía dos veces.
Gazette des tribunaux, 1777, fallo del Parlamento de París de diciembre de 1777, ejecutado el 14 de diciembre.
