La mayor parte de los reos imploran salir de presidio. Este demandaba que se le juzgase.
«Desde hace nueve años —declaraba en el memorial que redactó en su nombre el letrado Des Essarts—, languidezco en el más atroz de los cautiverios, bajo el abrumador fardo de una acusación inicua. Fui sospechoso de haber perpetrado un crimen horrendo; merezco el último suplicio si soy culpable, y reclamo la muerte si quedase de ello convicto». Una orden del rey, arrancada con engaño por su propia familia, le había arrebatado el derecho a justificarse y le hacía gemir en la casa correccional de Bicêtre.
Pues era esa, precisamente, la celada. La lettre de cachet lo había hurtado al cadalso, mas también a los tribunales. A los ojos del vulgo, su encierro equivalía a una confesión: se le había librado del suplicio, juzgaban todos, únicamente porque era digno de él. No demandaba que se rompiesen sus hierros, afirmaba; teníase por indigno de la libertad en tanto no hubiera lavado toda sospecha. Lo que reclamaba eran jueces.
Refería a continuación el curso de su vida. Una estirpe honrada de Normandía, cuyos parientes más cercanos gozaban de una hacienda floreciente; un padre que labraba con sus propias manos su alquería, en la feligresía de Torteval; un hijo unigénito, avezado a las fatigas de la labranza. Casado a los veinte años, en 1764; en ese mismo curso, la muerte de su madre; al año siguiente, la de su esposa, que le dejaba una hija de mantillas. Lloraba tales lutos junto a su padre cuando sobrevino el azar aciago que los perdió.
En el mes de agosto de 1766, maese Pain, abogado del Parlamento de Ruán, retirado al campo donde moraba en soledad en un aposento reservado para su uso, fue asesinado. Las sospechas recayeron sobre el padre y el hijo. En este punto suspende la Gazette la relación del memorial.
Se ignora en estas páginas si Rivière logró al cabo comparecer en juicio. Queda tan solo esta súplica sin parangón de un hombre que prefería arriesgarse a la soga antes que arrastrar la mancha de la sospecha, y que, tras nueve años entre los muros de Bicêtre, escribía todavía: si soy inocente, debo ser restituido a la sociedad.
Gazette des tribunaux, hacia 1775, «Causa criminal juzgada en Normandía»: memorial de maese Des Essarts para el señor Rivière.
