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Armes de la Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · CUISINE & LETTRES
Las 54 Historietas del Archivo · Augé, en Poitou, 1776-1777

El latín del cura de Augé

En el cortejo fúnebre del señor, el párroco entrega el ataúd al cura vecino con una fórmula latina: «el cuerpo fétido de mi enemigo».

El letrado Tronson du Coudray, que abogaba por la viuda, condensó la causa en una sola estampa: un pastor a la cabeza de su clero, revestido con los hábitos sacerdotales, en medio de una nutrida concurrencia y con la solemnidad de una de las funciones más augustas de su ministerio, ultrajando la memoria de un noble difunto a quien rinde los últimos honores.

El finado era Louis-Auguste de Clervaux, caballero y señor de L'Houmelière. El pastor era el señor de Monclaud, cura de la parroquia de Augé. Entre ambos, la discordia venía de antiguo; el noble y los suyos habían padecido por parte del cura, a decir del letrado, toda suerte de afrentas de las que es capaz un hombre receloso y desabrido.

Largo tiempo guardó cama el señor de Clervaux; su estado empeoraba de día en día, mas el cura le dejó morir sin acudir a visitarle. Conforme a sus últimas voluntades, el cadáver debía permanecer dos días sin ser inhumado para luego ser llevado a la parroquia vecina de La Chapelle-Bâton, celebrándose el oficio en Augé.

La viuda mandó rogar al cura que acudiera a recoger el féretro; este no se avino a ello sino tras mil reticencias. Hacia las once de la mañana partió el cortejo, acompañado por la familia y una numerosa multitud. Una vez en la parroquia de La Chapelle-Bâton, el señor de Monclaud hizo entrega del cuerpo al párroco del lugar, el señor d'Argenton. Mas en lugar del cumplido de rigor, le soltó en latín: «Queridísimo hermano, te entrego el cuerpo fétido de mi acérrimo enemigo; plega a Dios que, muerto, no te cause tanto daño como el que en vida pretendió hacerme a mí».

La viuda presentó querella, en su propio nombre y en el de sus hijos menores, ante el juez de Saint-Maixent. El cura reconoció los hechos, a excepción del vocablo «fétido», cuya pronunciación negaba y que varios testigos, según se afirmaba, habían escuchado con toda claridad. Defendiose al principio escudándose en el sentido de las palabras; retractose luego mediante acta notarial y pronunció una retractación durante la homilía dominical, pretendiendo esgrimirla ahora como excepción frente a la viuda. El juez de Saint-Maixent remitió a las partes a juicio ordinario; la dama de Clervaux interpuso recurso de apelación.

Los autos del proceso no revelan quién, de entre los campesinos que marchaban tras el ataúd, entendía el latín. Mas el cura d'Argenton sí lo entendía; y a fe que hubo de ser traducido para que el escándalo llegara hasta el oído de los jueces.

Gazette des tribunaux, 1777, causa de la dama de Clervaux contra el señor de Monclaud, cura de Augé (sentencia del juez de Saint-Maixent del 10 de enero de 1777, en apelación).

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