La Gazette des tribunaux rara vez salía de Francia. Lo hizo para este proceso, al que tituló «Parlamento de Inglaterra», y que fue juzgado en Londres en plena guerra de América.
El señor de La Motte, un francés establecido en Londres, se había impuesto la tarea de informar al gobierno francés acerca de las fuerzas marítimas de Inglaterra: el número de sus navíos, sus destinos, los designios de la nación británica, sus recursos, víveres y pertrechos. Para cumplir con tal propósito, se había visto en la necesidad de sobornar a diversos particulares, tanto para obtener informes como para hacer llegar sus despachos a Francia.
Cumplía con su cometido, refiere la Gazette, con sumo celo y destreza; empero, aquellos hombres de quienes se vio forzado a servirse, tras haberse enriquecido a su costa, quisieron duplicar su fortuna traicionándolo y lo delataron ante el ministerio inglés. A principios de 1781, fue detenido y conducido a la Torre de Londres. Al cabo de varios meses de cautiverio, se ordenó que fuese juzgado con arreglo a las leyes inglesas.
En el tribunal de Old Bailey se le notificó que podía designar a dos letrados y un procurador. El día de la vista, a las nueve de la mañana, compareció ante el estrado; doce jurados prestaron juramento.
El fiscal general planteó entonces la cuestión que confiere a este juicio todo su interés. Se argüirá, dijo, que procede establecer cierta distinción entre el súbdito natural que incurre en alta traición y el extranjero que, al traicionar al Estado en el que reside solo de paso, cree estar sirviendo a su legítimo soberano. Respondió a ello que, de consentirse tales distingos, ningún gobierno podría mantenerse en pie. El reo era francés, pero había gozado del amparo de las leyes inglesas durante toda su estancia; les debía, por ende, una sumisión transitoria, cuya vigencia equivalía a la de su residencia; y, convicto al igual que un súbdito, debía ser castigado como un súbdito.
Los papeles hallados en su poder y en el jardín de un tal Lutterloh, manifiestamente destinados a Francia, unidos a la declaración de este mismo Lutterloh —primero su agente y más tarde su delator—, forjaron de manera inapelable la convicción del tribunal.
La Gazette advierte desde el propio encabezamiento que fue condenado a muerte por alta traición y ajusticiado en julio de 1781. Es de notar que no lo retrata como a un héroe ni como a un traidor: lo presenta como a un hombre que sirvió con lealtad a su patria y que acabó vendido por aquellos a quienes pagaba. Se trata de una vieja ley del espionaje que este caso ya ilustraba con elocuencia: el dinero que se entrega a un confidente compra también, a veces, su traición.
Gazette des tribunaux, 1781, «Parlement d'Angleterre»: juicio del señor François-Henri de La Motte, condenado por alta traición y ejecutado en julio de 1781.
