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Las 54 Historietas del Archivo · París y Burdeos, antes de 1778

El jugador infiel

Una noche de juego en casa de un oficial. Cuantiosas pérdidas y un tramposo al que desenmascarar. El anfitrión, expulsado de su regimiento, hace encadenar al joven comerciante para arrancarle una confesión.

La Gazette renuncia, por una vez, a relatar la causa: los hechos son tan prolijos, el procedimiento tan intrincado, que rebasaría con creces sus límites. Se contenta con enfrentar los alegatos de entrambos letrados. Acaso sea este el mejor modo de contarla.

El letrado Blondel, en defensa del señor Dufour, comerciante en Burdeos, da principio en estos términos: un joven negociante es convidado a casa de un militar a disputar partidas de azar en compañía de otros oficiales; tiene la desdicha de aceptar. Tanto los oficiales invitados como él mismo sufren un descalabro considerable. Los oficiales sostienen que se les ha hecho jugar como a incautos y acusan a su anfitrión de tan infame bajeza; logran así arruinarlo y conseguir que sea expulsado de su cuerpo.

A fin de recobrar su honor —prosigue el abogado—, el anfitrión no halla mejor arbitrio que inmolar el del joven negociante: pretende forzarlo a suscribir una escritura auténtica por la cual él mismo se condene a la ignominia y se declare jugador infiel. Para lograrlo, arranca con malas artes órdenes en su contra que lo dejan a su entera merced; lo retiene cautivo en una morada particular, cargado de grillos, incomunicado y expuesto a las más atroces crueldades.

El letrado Loyseau, por parte del señor Le Maire, capitán en la legión de Conflans, expone la causa bajo una luz bien distinta. De un lado, un militar distinguido por sus servicios, estimable por su conducta, que reclama desde antiguo el amparo de las leyes; del otro, un hombre entregado a las más viles pasiones, que detiene desde hace ya demasiado tiempo el brazo de la justicia. Entre ambos —afirma— median el honor y el vicio, las buenas costumbres y la disolución, el crimen y la virtud.

El Parlamento, que en materia criminal se guía por los cargos y las pesquisas antes que por los memoriales, dictó el 31 de enero de 1778 una sentencia que a nadie daba la razón: declaró a las partes fuera de causa, con compensación de costas.

Queda uno, pues, sin averiguar quién había hecho trampas aquella noche en torno a la mesa de juego, ni si el joven bordelés arrastró en verdad cadenas en una casa particular. Únicamente se sabe que dos letrados de París retrataron a los mismos hombres —el uno como a verdugo y víctima, el otro como a héroe y libertino— y que la justicia, entre ambos lienzos, rehusó elegir.

Gazette des tribunaux, 1778, Parlamento de París, Tournelle: causa entre el señor Dufour, comerciante en Burdeos, y el señor Le Maire, capitán en la legión de Conflans; sentencia del 31 de enero de 1778.

Tal día como hoy en el Gabinete →