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Armes de la Maison BeaulieuMAISON BEAULIEUAB ÉDITIONS · CUISINE & LETTRES
Las 54 Historietas del Archivo · Bailía de Domfront, 1778-1781

Los hechiceros de Domfront

Una bula papal escrita con tinta encarnada. Un tesoro sepultado bajo la casa. Quinientas libras, seis camisas, un jamón, una andouille.

Abre la Gaceta este asunto con una copla filosófica: los hechiceros, antaño tan numerosos, se han disipado a la luz de las letras y de la razón; ya no se atreven a morar en las ciudades y solo reaparecen en lo más recóndito de las aldeas, donde la crédula sencillez se presta aún a lo maravilloso. El Parlamento de Normandía acababa justamente de examinar a cuatro de ellos con lupa.

Se llamaban Manoury, Étienne Lebert, François Petrou y Mesnil, y hacían de las suyas en las aldeas de la bailía de Domfront. Su industria estribaba en una sola pieza: una bula papal, forjada por sus propias manos con fecha del 25 de mayo de 1780 y escrita con letras rojas, color que juzgaban el más a propósito para deslumbrar la vista. Aquella bula revelaba la existencia de un punzón de oro y otras especies en la aldea de La Burlière, parroquia de La Baroche, en casa de un tal René Peccate, a quien el documento se cuidaba bien de nombrar.

El garlito era tosco, según reconoce la Gaceta; pero René Peccate, que tal vez no sabía de letras, no acertó más que a admirar y a creer. Le sonsacaron cerca de quinientas libras en plata contante, amén de seis camisas, dos sábanas, hilo, un jamón y una andouille.

Creeríase que semejante ardid solo surte efecto una vez. Pues bien, al despuntar una cuaresma, un tal Pierre Portier, de la aldea de Viverel, parroquia de Aubusson, cayó a su vez en la celada: más de trescientas libras, una brida de once francos arrebatada a su hijo y, a la joven esposa de este, dos sortijas de plata, dos ovillos de lana y tres servilletas. Uno de los nigromantes, más avezado en el oficio, ya le había sacado en 1778 a un tal Pierre Morieux, de la parroquia de Proussy, ciento ochenta y tres libras con diecisiete sueldos, una sábana y un par de polainas.

La fama de los magos llegó a oídos del sustituto del procurador general, quien dispuso verlos de cerca. Jean Manoury y Mesnil se dieron a la fuga; los demás fueron puestos a buen recaudo. Por auto del 14 de octubre de 1781, el Parlamento condenó a cuatro de ellos a hacer pública expiación con cartelones en el pecho donde rezaba: «Falsos hechiceros, fulleros y forjadores de escrituras para embaucar al vulgo so pretexto de descubrir tesoros», así como a galeras por espacio de nueve años; a los dos fugitivos se los condenó en rebeldía, y dos sospechosos fueron sobreseídos.

De todo el lance, el inventario resulta a la postre lo más elocuente. Tesoro alguno llegó a descubrirse jamás; pero la hechicería normanda de 1780 se cobraba en camisas, servilletas y andouilles: es decir, en cuanto poseían aquellos que codiciaban enriquecerse.

Gazette des tribunaux, 1781, Parlamento de Ruan, auto del 14 de octubre de 1781 (según las Causes célèbres de Des Essarts y Richer).

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