Abre la Gaceta este asunto con una copla filosófica: los hechiceros, antaño tan numerosos, se han disipado a la luz de las letras y de la razón; ya no se atreven a morar en las ciudades y solo reaparecen en lo más recóndito de las aldeas, donde la crédula sencillez se presta aún a lo maravilloso. El Parlamento de Normandía acababa justamente de examinar a cuatro de ellos con lupa.
Se llamaban Manoury, Étienne Lebert, François Petrou y Mesnil, y hacían de las suyas en las aldeas de la bailía de Domfront. Su industria estribaba en una sola pieza: una bula papal, forjada por sus propias manos con fecha del 25 de mayo de 1780 y escrita con letras rojas, color que juzgaban el más a propósito para deslumbrar la vista. Aquella bula revelaba la existencia de un punzón de oro y otras especies en la aldea de La Burlière, parroquia de La Baroche, en casa de un tal René Peccate, a quien el documento se cuidaba bien de nombrar.
El garlito era tosco, según reconoce la Gaceta; pero René Peccate, que tal vez no sabía de letras, no acertó más que a admirar y a creer. Le sonsacaron cerca de quinientas libras en plata contante, amén de seis camisas, dos sábanas, hilo, un jamón y una andouille.
Creeríase que semejante ardid solo surte efecto una vez. Pues bien, al despuntar una cuaresma, un tal Pierre Portier, de la aldea de Viverel, parroquia de Aubusson, cayó a su vez en la celada: más de trescientas libras, una brida de once francos arrebatada a su hijo y, a la joven esposa de este, dos sortijas de plata, dos ovillos de lana y tres servilletas. Uno de los nigromantes, más avezado en el oficio, ya le había sacado en 1778 a un tal Pierre Morieux, de la parroquia de Proussy, ciento ochenta y tres libras con diecisiete sueldos, una sábana y un par de polainas.
La fama de los magos llegó a oídos del sustituto del procurador general, quien dispuso verlos de cerca. Jean Manoury y Mesnil se dieron a la fuga; los demás fueron puestos a buen recaudo. Por auto del 14 de octubre de 1781, el Parlamento condenó a cuatro de ellos a hacer pública expiación con cartelones en el pecho donde rezaba: «Falsos hechiceros, fulleros y forjadores de escrituras para embaucar al vulgo so pretexto de descubrir tesoros», así como a galeras por espacio de nueve años; a los dos fugitivos se los condenó en rebeldía, y dos sospechosos fueron sobreseídos.
De todo el lance, el inventario resulta a la postre lo más elocuente. Tesoro alguno llegó a descubrirse jamás; pero la hechicería normanda de 1780 se cobraba en camisas, servilletas y andouilles: es decir, en cuanto poseían aquellos que codiciaban enriquecerse.
Gazette des tribunaux, 1781, Parlamento de Ruan, auto del 14 de octubre de 1781 (según las Causes célèbres de Des Essarts y Richer).
