En enero de 1816, un general condenado a muerte debe cruzar las barreras de París sin ser reconocido. Robert Wilson espera en su cabriolé frente al alojamiento del capitán John Hely Hutchinson. El fugitivo, el conde de Lavalette, viste un uniforme inglés y una peluca castaña. Hutchinson monta a caballo; Michael Bruce y el oficial Elliston acompañan la operación. Lavalette abandonó su prisión el 20 de diciembre de 1815, disfrazado con las ropas de su esposa. Wilson y sus compañeros deben conducirlo ahora fuera de Francia.
El relato de Borrow reproduce una carta que Wilson dirige a lord Grey y que reconoce como suya. En ella, Wilson describe la ruta y los preparativos. Se obtuvieron pasaportes de Sir Charles Stuart, embajador británico, a petición suya y bajo su responsabilidad. Están expedidos a nombre de un general y un coronel ficticios. Elliston hace reservar un aposento, un cobertizo y caballos de posta para dicho coronel imaginario. Bruce consigue las medidas de Lavalette; Hutchinson las transmite a un sastre, quien confecciona levita, chaleco y pantalón. Todos saben que el rostro del condenado puede delatarlo.
La víspera de la partida, Lavalette es conducido a casa de Hutchinson. El hombre que lo guía no entra en la estancia. Wilson y Elliston se retiran unos instantes para dejarle recobrar el aliento. Al día siguiente, a las siete y media, Wilson llega con su cabriolé. Lavalette toma asiento en él; Hutchinson los sigue a caballo. Cruzan la barrera de Clichy sin llamar apenas la atención. En La Chapelle, cuatro gendarmes los observan durante el relevo de los caballos. Hutchinson responde a sus preguntas y los viajeros prosiguen su camino.
Las órdenes de busca y captura ya circulan. Otros gendarmes disponen de la filiación del fugitivo. Al aproximarse a Compiègne, algunos cabellos canos asoman bajo la peluca castaña. Wilson saca unas tijeras y hace las veces de barbero. Los viajeros se detienen en un barrio apartado a la espera del carruaje de Elliston, que partió de París. Cuando este llega, Wilson hace encender los faroles para ofrecer, según escribe, la apariencia de viajeros despreocupados. Reanudan la marcha armados, prestos, escribe, a hacer frente a cualquier obstáculo.
En Cambrai, la puerta los retiene tres horas, según Borrow a causa de la guardia inglesa. En Valenciennes, los viajeros son inspeccionados tres veces y sufren luego un último control cerca de la guarnición. Llegan finalmente a Mons para la cena. Wilson organiza la continuación del viaje del conde, se despide y regresa a París por un itinerario distinto. Su ausencia ha durado sesenta horas. El plan ha tenido éxito, pero el relato que remite a Grey terminará comprometiéndolo.
La carta es interceptada por la policía francesa. El 13 de enero, el embajador Stuart escribe al duque de Richelieu para inquirir los motivos del arresto. La respuesta del ministro de la policía acusa a Wilson, a Bruce y a un tercer hombre de haber favorecido la evasión de Lavalette y anuncia el inicio inminente del juicio. El 13 de enero y durante los cuatro días siguientes, los comisarios de policía interrogan a Wilson, quien rehúsa contestar. El 17 de enero es trasladado a la prisión de La Force; Bruce y Hutchinson son conducidos allí del mismo modo. Reconocen su participación en la fuga, mas rechazan la interpretación política que la policía atribuye a la misiva.
La corte de lo criminal de París abre el proceso el 22 de abril de 1816. La sala está abarrotada. Wilson viste su uniforme de general y varias condecoraciones; Hutchinson comparece con atuendo de oficial. Bruce se presenta sencillamente como ciudadano inglés. Los tres hombres hablan francés, pero el presidente les asigna un intérprete, pues la ley no debe privarles de tal medio de defensa. Los acusados desean asimismo hacer constar su reserva respecto a la composición enteramente francesa del jurado. Bruce invoca la reciprocidad: en Inglaterra, arguye, los acusados franceses podrían solicitar un jurado mixto de extranjeros y nacionales. Los tres hombres renuncian a exigir jurados extranjeros una vez que la sala de acusación desestima el cargo de conspiración; no desean que dicha renuncia siente precedente contra otros ingleses. Su letrado solicita que la reserva quede consignada en acta. El tribunal se niega: los hechos imputados tuvieron lugar en Francia, dictamina, y la ley francesa es la aplicable.
Al ser interrogado, Bruce explica que Lavalette le confió su vida y que no pudo desoírlo. Rehúsa, no obstante, nombrar al amigo que lo presentó a Wilson. Hutchinson reconoce haber recibido al fugitivo en su morada y haberlo escoltado a caballo. Wilson asume las disposiciones adoptadas para la partida. Estas respuestas perfilan una cadena de iniciativa y confianza sin presentar a los tres hombres como ajenos a la evasión.
Madame de Lavalette es llamada a declarar. Los tres ingleses la saludan. Ella los mira y afirma no haberlos conocido ni visto jamás con anterioridad. Declara asimismo que nadie la ayudó a sacar a su marido de la prisión: sostiene haberlo hecho sola. Esta deposición no contradice lo que Wilson, Bruce y Hutchinson acaban de reconocer. Deslinda dos momentos: la evasión del presidio y el trayecto organizado por los ingleses para conducir a Lavalette más allá de la frontera. La cuestión resulta capital para el proceso, pues los ingleses solo son juzgados aquí por haber favorecido su huida fuera de Francia. Los términos de la carta acreditan su intervención en el viaje; no demuestran que participaran en el disfraz de Lavalette con las ropas de su esposa ni en la salida del penal.
En la audiencia del 24 de abril, el defensor Dupin desarrolla dos argumentos: ninguna complicidad unía a los acusados con el autor principal y el hecho que se les reprochaba no debía reputarse crimen. Wilson toma la palabra a continuación. Reconoce el interés político que le inspiraba la suerte de Lavalette, mas antepone el deber de socorrer a un hombre condenado, aun a riesgo de obrar con imprudencia. Afirma que habrían auxiliado igualmente a un desconocido, o incluso a un enemigo en desgracia. Una condena por haber infringido las leyes francesas, sostiene, no les haría lamentar el haber obedecido a los dictados de la humanidad. Bruce manifiesta no arrepentirse de sus actos, remitiéndose enteramente al criterio del jurado.
Tras dos horas de deliberación, los jurados declaran culpables a los tres hombres. El presidente da lectura al artículo del código penal: la pena de prisión oscila entre tres meses y dos años. Pronuncia la pena mínima de tres meses.
